Erase una noche de verano tranquila en Baires. Estoy con mi amiga en casa haciendo nada cuando llega el texto "En que andas?" . "Con una amiga, sale algo?". "Las paso a buscar". 10 minutos después estaba tocando timbre.
"¿A donde vamos?";" A lo de mi amigo J. a tomar algo".
Llegamos a lo de J, y él ya había descorchado el vino y nos esperaba con las copas punto caramelo. Luz tenue, música ambient y un clima de buena onda que fluía por sí mismo.
Charla va, copa viene y la cosa se empezó a poner alegre y muy divertida.
Mi amigo se levanta del sillón, la agarra a mi amiga de la mano y se la lleva a la habitación.
Su amigo se levanta, me alza y me sienta encima suyo quedando enfrentados.
Muy despacio me sacó la remera y me empezó a acariciar la espalda. Me besaba el cuello mientras mi cabeza giraba alrededor de sus labios. Bajó rozando mi boca, me lamió todo el cuello hasta llegar a mis tetas donde se hizo un festín. Mientras tanto, mis manos descubrían su entre pierna dura, grande, erecta. Mientras él seguía calentandome con esos besos mojados le desabrocho el pantalón, meto la mano en su calzón y lo empiezo a pajear. Los besos se tranforman en gemidos, cada vez más fuertes. Siento como se pone cada vez más duro entre mis manos y eso me excita mal.
Me alza a upa y me lleva a la habitación mientras me sigue besando. Se acuesta encima mio y de repente siento otra boca que me besa en los labios. Otros dedos se cuelan en mi vagina por mi bombacha. No abro los ojos, solo disfruto del momento. Alargo mi mano y encuentro a mi amiga acostada al lado mio. Ella me busca y nos empezamos a besar acostadas una al lado de la otra, cada una con su amante atrás, apoyándonos, meteniendonos los dedos, lamiendonos, mientras nosotras seguiamos en la nuestra. Sus labios eran muy suaves y dulces. Su lengua me buscaba tímida. Sus manos acariciaban mis tetas mientras yo apretaba a mi amigo para que me apoye por atrás. El otro la buscaba a ella y pasaba a ocupar mi lugar. Mis manos y mi lengua alternaban entre las pijas de mis amigos. Con ella jugabamos a tenerlos un rato cada una, a besarlos juntas y a dejarlos de espectadores por momentos mientras se pajeaban mirándonos. Así seguimos, por horas acariciandonos y besandonos todos con todos.
La exitación y adrenalina que sentí esa noche es inexplicable, incluso ahora, escribiendo, me mojo de solo pensarlo.
29.8.11
Hablando de multitudes
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